¿Te han dicho alguna vez que tienes que reducir el consumo de sal? ¿Te ha recomendado el médico que controles tu tensión arterial? En este artículo abordamos los beneficios y los efectos nocivos de la sal, es decir, sus dos caras, y la importancia de mantener un equilibrio y un control en su consumo diario.
La sal desempeña un papel fundamental en nuestro organismo. De hecho, es necesaria para regular la cantidad de agua, para la contracción muscular, el funcionamiento cerebral y también para controlar el ritmo cardíaco. Sin embargo, el cuerpo humano normalmente necesita muy poca sal: ¡entre 2,5 y 5 g al día! Por lo general, esta cantidad de sal ya está presente de forma natural en los alimentos que consumimos.
En realidad, lo que ocurre es que, en la mayoría de los casos, ingerimos mucha más sal de la que deberíamos porque está «oculta» en los alimentos procesados. Por eso, es urgente empezar a reducir el consumo de sal, evitando los alimentos ricos en sal, como es el caso de los productos en conserva y los platos precocinados. Por otro lado, podemos reducir la cantidad de sal que echamos a la comida o incluso sustituir la sal por otros condimentos.
La sal está formada por dos iones: el sodio y el cloro. El exceso de sodio en el organismo provoca retención de líquidos, lo que, a su vez, hace que aumente la presión arterial. En este sentido, si la presión arterial se mantiene elevada durante mucho tiempo, puede dar lugar a un diagnóstico de hipertensión arterial (HTA), que es una enfermedad crónica y asintomática. Al tratarse de una enfermedad asintomática, es importante controlar la presión arterial con frecuencia. Además, cuando no se controla, la hipertensión arterial aumenta la probabilidad de sufrir episodios mortales como el ictus (accidente cerebrovascular) y el infarto agudo de miocardio (IAM).
Además de la hipertensión arterial, el exceso de sodio también se asocia al desarrollo de otras enfermedades, como el cáncer de estómago, el asma y los problemas renales. Más recientemente, se ha descubierto que también está relacionado con la pérdida de masa ósea y con el desarrollo y/o el agravamiento de enfermedades autoinmunes.
Consumir alimentos sin sal puede parecer difícil al principio, cuando las papilas gustativas aún no se han acostumbrado a un sabor menos intenso. Sin embargo, el uso de sustitutos de la sal facilita esta adaptación, que acaba produciéndose en unas semanas.
Algunas estrategias para sustituir la sal son:
Aunque la alimentación es la mejor y principal forma de regular el consumo de sal, también hay que tener en cuenta los suplementos y los medicamentos de venta libre, que pueden tener un alto contenido en sodio.
Un ejemplo de estos medicamentos son los comprimidos efervescentes, que contienen sodio en su composición. Por lo tanto, es muy importante prestar atención al contenido de sodio de los medicamentos y suplementos que no son recetados por el médico, para no superar la dosis diaria de 200 mg al día.
En resumen, la sal desempeña funciones importantes en nuestro organismo, pero cuando se consume en exceso resulta perjudicial para nuestra salud, y los inconvenientes de su consumo superan a las ventajas.
Recuerda que más vale prevenir que curar: controla tu presión arterial con regularidad y adopta desde el principio una dieta con un contenido equilibrado de sal… ¡y disfruta de una vida sin «tensiones»!